El girasol brilla de cara a 2021

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El mercado del girasol comenzó su escalada alcista mucho antes de saber que en Chaco no podía sembrarse el cultivo como consecuencia de la falta de lluvias.
El precio FOB del aceite crudo de girasol en los puertos argentinos cotizaba en mayo a 700 dólares la tonelada para la posición de embarque mayo-julio 2021. A fines de noviembre, ese valor trepó a 1.050 dólares, es decir, un alza de 350 dólares, equivalente al 50 por ciento en dólares, en un período de siete meses, lo que anualizado significa una tasa de incremento del 85 por ciento.
En el mercado internacional, el aceite de girasol comenzó su rally alcista cuando los operadores del Mar Negro empezaron a pronosticar una fuerte caída en la producción de Rusia y de Ucrania, los dos principales productores y exportadores de este grano y su aceite crudo.
A esto se sumó un balance de oferta y demanda muy ajustado también en los otros aceites (de soja, de palma y de colza), debido a una caída en la producción en simultáneo en los principales mercados originadores.
Asimismo, se agregó la merma en la producción de girasol de la Unión Europea, con una cosecha proyectada de 8,74 millones de toneladas para 2020, contra 9,48 millones de toneladas de 2019. Se trata de la segunda menor producción de girasol de Europa de los últimos cinco años.
Del otro lado, el de la demanda, China parece haber tenido una bola de cristal para predecir el futuro, pues aumentó sus importaciones de aceite de girasol y de colza en forma muy temprana y consistente.
Entre enero y octubre, compró 1,5 millones de toneladas de aceite de girasol, muy por encima de las 942 mil toneladas adquiridas en el mismo período de 2019. En el caso del aceite de colza, elevó las importaciones de 1,3 millones de toneladas el año pasado a 1,6 millones en este ejercicio.
Además, China no se limitó a comprar solo aceites vegetales: también incrementó las importaciones de semillas oleaginosas en 13,1 millones de toneladas, de 74,8 millones de toneladas en 2019 a 88 millones este año, incluyendo poroto de soja, maní y colza. Es decir, que los chinos se anticiparon a la suba de los mercados no solamente de aceites sino también de granos oleaginosos.
Producción local
En este contexto, todos los años es clave el girasol “primicia” que aporta Chaco y que sirve de empalme entre la cosecha vieja y la nueva.
En la actual campaña, antes de que comenzara la siembra, se proyectaba una superficie en esa provincia de 300 mil hectáreas, por encima de las 224 mil del ciclo productivo anterior. La realidad pudo más que el voluntarismo y finalmente apenas se implantaron 50 mil hectáreas, de las que, encima, más de la mitad se perdieron por las elevadas temperaturas y la falta de agua.
Esta menor superficie de siembra en el NEA implica una caída en la oferta de girasol disponible, en el primer mes de ingreso de la nueva cosecha, de unas 500 mil toneladas.
Esta situación es la que impacta de manera directa en el mercado y provoca un arrastre en los valores del disponible, que se ubica en un precio de fantasía: 400 dólares. Con este nivel de precios, el único margen de molienda positivo lo genera la venta de aceite de girasol refinado, ya que los márgenes, considerando el aceite crudo de girasol, son negativos en 25 dólares por tonelada.
En conclusión: 2021 es el año del girasol, liderado por las principales empresas que producen aceite refinado para abastecer las góndolas en el mercado interno y, eventualmente, a la exportación. (Agrovoz)

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